PAUL KALKBRENNER

Alemania

 

No es usual para un músico reinventarse en su séptimo álbum. Seamos sinceros, la mayoría ni siquiera llega a hacer siete álbumes (y si lo hacen, el botón desgastado que terminan presionando generalmente es el de “negocios”). Pero para Paul Kalkbrenner, esta voluntad para presionar el botón de “reset” se trata de llevar su carrera al siguiente nivel internacional. “7“ es un esfuerzo enérgico y de rápido desarrollo; casi que podés escuchar cuán agradecido está el artista de finalmente volver al estudio y trabajar en su música. El optimismo está en todas partes y busca que la audiencia se sienta a gusto desde el comienzo. Con excepción del oscuro y explosivo “Mothertrucker” y las profundas y subterráneas líneas de bajo de “Align The Engine”, que parecen de ciencia ficción, “7” se arrima a las melodías pegadizas y al trance más agradable. Todo fluye hacia las presentaciones, y el álbum parece como si hubiese sido producido pensando en los live-sets.

Kalkbrenner también reutiliza y cita astutamente elementos de algunas canciones en otras, creando un ambiente de manera sutil (un truco que funciona desde que lo descubrió Sebastian Bach). Pero aunque suene fácil, la realidad es que probablemente sea un enorme desafío llevar los complejos arreglos de “7” a los escenarios – Kalkbrenner bromea con que necesita los ocho brazos de Shiva para lograrlo. Sin embargo, el sentimiento de que está listo para las presentaciones en vivo también está presente en el crudo y crepitoso sonido del álbum- a Paul le gusta crear un poco de incertidumbre en la mezcla, manteniendo a la audiencia siempre alerta. Puede que sea un maestro pre-eminente del techno, pero estas sorpresas a veces toman formas orgánicas, como silbidos.

 

Sí, leíste bien. A Kalkbrenner le gusta silbar las melodías de sus demos – y en la segunda canción del álbum, “Cylence 412”, vuelve a traer el silbido original. Pero esto es sólo una breve pausa previa a “Cloud Rider”, el track más austero del álbum, un triste pero profundo himno que revela sus ambiciones por “7”. El tema está construido sobre una muestra de una canción de D-Train, “You Are The One For Me” desde donde construye una calesita de emociones. Siguiendo con los beats quebrados, pero esperando sorprender al público, él va en una dirección inversa en “Feed Your Head”, que toma una parte del hit de Jefferson Airplane “White Rabbit”. Kalkbrenner lo considera su mejor producción, y es uno de esos technos furiosos, que te hacen sentir que el bajo y la batería golpean tu cuerpo en el lugar justo. En “A Million Years”, toma la línea vocal de Luther Vandross en “Never Too Much”, y mezcla todo en una hábil pregunta: qué tanto se puede combinar la pasión y los escalofríos encima de un beat de 4/4? Parece que bastante.

 

Como puede verse, la elección idiosincrática de voces de la historia del rock, pop y soul es parte del nuevo plan maestro de Kalkbrenner, para establecer junto con “7” un antagonista al omnipresente EDM. Este álbum es una respuesta vigorosa a la monotonía, un fuerte llamado a la variación y el color. Tanto si es un beat aleatorio (“Shuffleface”), un motivo de blues (“Tone & Timber”) o un baile lento (“Papercut Pilot”), hay una hormigueo constante de felicidad a lo largo de todo el álbum, que dibuja todas estas líneas juntas. Cuando le preguntás sobre sus influencias, Paul es también sorprendente, evitando los usuales clichés de los DJs. Aclama al maestro de bandas sonoras Ennio Morricone, el rey japonés de los sintetizadores, Isao Tomita (que re-imaginó “Bilder einer Ausstellung” de Mussorgsky, un favorito de la infancia de Paul), y finalmente la música de Mike Oldfield. Cuando tenía nueve años, Kalkbrenner entrañaba el trabajo de Oldfield y estaba fascinado con las notas de tapa en las que leía que Oldfield tocaba y grababa cada instrumento línea por línea, todo él mismo. Parece que esta inspiración en la infancia de juntar todo lo que te puedas imaginar de una manera hermosa le sigue sirviendo en la actualidad.

 

 

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